Inteligencia Emocional - Marco Teórico y Conceptual

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En este libro, editado en 1919, Hermann Hesse cuenta la historia del joven Emil, quien conoce a Max Demian, un personaje algo extraño que le hará cuestionarse muchas cosas, llevándolo poco a poco al terreno del autoconocimiento.
La pregunta que plantea Sinclair es una
interrogante que muchas personas nos hemos hecho alguna vez. Esas sensaciones
que brotan espontáneamente desde lo más profundo de nuestro ser, y que resultan
difíciles de vivir o de manejar, son las emociones. Como seres pensantes hemos
evolucionado hacia la interpretación y la capacidad de regular esas emociones.
La Inteligencia Emocional es un concepto relativamente nuevo que nos ayuda a conocernos más profundamente y a regular esas emociones, para mejorar nuestra calidad de vida y tener relaciones interpersonales satisfactorias. El objetivo de este proyecto es aprender las bases para desarrollar esa Inteligencia Emocional.
Marco
Conceptual de la Inteligencia Emocional
Emoción: Podríamos decir, de una manera simplista, que una emoción es una información, un aviso primario que llega ante un suceso externo o interno; un impulso que lleva a la acción. Sin embargo, no debemos perder de vista que se trata de un portento de la naturaleza humana, que engloba varios procesos. Las emociones se generan por medio de la percepción, a través de los órganos sensoriales, cuando ocurren “cambios en las circunstancias internas y/o externas a la persona” (Muñoz J., 2014, P.68).
Cuando se desencadena una emoción en nuestro cuerpo se activa un proceso de valoración de la misma. Primero se pone en marcha el proceso emocional, el cual pone a funcionar de manera inconsciente toda nuestra maquinaria cerebral. En segundo lugar, de manera consciente le damos una interpretación subjetiva a esa emoción, la cual tiene que ver con nuestro contexto psicosocial. Por último expresamos esa emoción, ya sea de manera verbal o no verbal. Una vez valorada la emoción, pasamos a la acción. Podríamos resumir la emoción en este mapa conceptual:
Inteligencia
Emocional: El
concepto de Inteligencia Emocional (IE) nace de la necesidad de responder el
por qué algunas personas se adaptan de una mejor manera que otras ante diversos
sucesos de la vida cotidiana. Se puede definir a la IE como la capacidad de
“sentir, entender, controlar y modificar los estados emocionales en uno mismo y
en los demás” (Couto S., 2012, p.102),
cuyo fin es regular nuestro
comportamiento y optimizar los resultados de nuestras acciones.
La IE nos aporta la habilidad de actuar con flexibilidad de respuesta, ante cualquier situación adversa.
La IE a su vez se puede subdividir en dos tipos de inteligencia, la intrapersonal, la cual permite conocernos y obtener una mejor versión de nosotros mismos, y la interpersonal, que nos ayuda a generar y mantener relaciones sociales sanas y constructivas.
Debemos comprender como sociedad que la IE no es una responsabilidad exclusivamente personal, sino colectiva, donde las diversas instituciones, así como el propio Estado, deben asumir el compromiso de educar al respecto e integrar a los ciudadanos a la sabiduría emocional.
Relación Emociones y Racionalidad: A lo largo de la historia, las emociones han sido relegadas del razonamiento cognitivo; sin embargo, actualmente se reconoce la importancia de las mismas en la toma de decisiones. “Hoy sabemos con total seguridad que sin emociones no existiría la razón” (Muñoz J., 2014, P.59).
Mientras que el hemisferio cerebral izquierdo (racional) nos lleva a la acumulación de información, al análisis, la búsqueda de significados y la lógica, entre otras cosas; nuestro hemisferio cerebral derecho (emocional) nos conduce a incorporar nuevas ideas, valorar nuestros sentimientos, integrarnos y orientarnos a la colectividad, tomar decisiones a partir de errores, entre otras cosas. Sin ambas partes es imposible desarrollar la IE, se necesita de la parte racional y de la parte emocional para construir y desarrollar esta habilidad.
Mapa conceptual de la Inteligencia Emocional y su contexto:
Orígenes y Evolución de la Inteligencia Emocional:
Teorías
Legas: Ya filósofos
como Platón (siglo IV A.C.) y Aristóteles (siglo III A.C.) hablaron de las
emociones y sus implicaciones en la vida social y en la adquisición de
habilidades por parte de sus alumnos y seguidores. Hipócrates (siglo IV A.C.)
dilucidó que tanto nuestras tristezas como nuestras alegrías provenían del
cerebro.
Siglo XX: Si bien ya en el siglo XIX, autores como Galton y Catell hablaron de las diferencias individuales en la capacidad mental de los individuos, no es hasta mediados del siglo XX, cuando el Psicólogo Carl Rogers busca dar un enfoque humanista a la psicología y comienza a hablar de la incorporación de lo ‘afectivo-vivencial’ al aprendizaje cognoscitivo.
En el año 1983, el psicólogo Howard Gardner escribe su libro sobre las Inteligencias Múltiples, donde describe siete tipos de inteligencia entre las que añade la inteligencia Intrapersonal e Interpersonal. En el año 1986, el neurocientífico Josep Le Doux, descubre la importancia de la amígdala cerebral en el desempeño emocional.
El concepto de Inteligencia Emocional se utiliza por primera vez en el año 1990, propuesto por Peter Salovey y John Mayer siguiendo los lineamientos de Gardner.
Sin embargo corresponde el mérito a
David Goleman (1995) de difundir profundamente, el concepto de la Inteligencia
Emocional, sus alcances y sus beneficios.
Principales Modelos de Inteligencia Emocional:
En el estudio de la IE encontramos dos
tipos de modelos: los mixtos,
enfocados hacia la personalidad, y los de habilidades, “basados en cómo se
capta y utiliza la IE en el aprendizaje” (Trujillo M. y Tovar L., 2005, p.5).
Entre los mixtos encontramos los de Cooper-Sawaf y Goleman; y dentro de los de
habilidades están los de Salovey-Mayer.
Modelo Mixto Cooper-Sawaf (1997): Es un modelo de 21 escalas que permite explorar la IE a partir de puntos vulnerables, así como de aptitudes de la persona, que hacen posible identificar los caminos interpersonales hacia el éxito.
Modelo Mixto Goleman (1995): Este modelo presenta diversas situaciones y posibles alternativas enfocadas a distintos aspectos de nuestra vida cotidiana. Permite potencializar nuestras fortalezas y minimizar el impacto de nuestras debilidades. Si bien está enfocado al área profesional y empresarial, cubre todo el espectro emocional.
Modelo de habilidades de Salovey-Mayer (1990): Este modelo presenta cuatro habilidades que nos permiten identificar, utilizar, entender y regular las emociones. Tiene como idea central “conjugar el saber emocional, con el saber racional” (Muñoz J., 2014, P.78).
La relación entre el cerebro y las emociones:
La constitución de nuestro cerebro
está íntimamente relacionada con nuestras emociones y demuestra cómo ha ido
evolucionando la vida.
Cerebro Reptil o Instintivo: Se encuentra en el tronco encéfalo y es la forma más primitiva de nuestro cerebro. Está relacionado con el sistema autónomo y las respuestas instintivas que nos ayudan a conservar la vida.
Cerebro Límbico o Emocional: En éste se encuentra el sistema límbico, el cual es sede de las emociones. También está la amígdala cerebral que contiene el recuerdo de las emociones. Esta evolución permitió a los primeros seres humanos identificar los peligros y prevenirlos.
Cerebro Creativo o Corteza Cerebral: Éste se formó a partir de la región emocional y es lo que nos diferencia del resto de las especies, ya que nos permite razonar, pensar, desarrollar el lenguaje, tener sentimientos, etc.
Cabe destacar que, cómo hemos
mencionado en el apartado ‘Relación Emociones y Racionalidad’ de este trabajo,
también los hemisferios cerebrales tienen una interacción directa con las
emociones y la IE.
Las emociones primarias y sus características:
Podríamos imaginar las emociones primarias como los colores primarios cuya combinación permite una gran diversidad de colores. Las emociones primarias son el origen de emociones secundarias. Las emociones primarias son la alegría, la tristeza, la rabia y el miedo.
Alegría: Emoción que nos conecta con los placeres de la vida, permite crear lazos de amistad y propicia la empatía. Estimula la autoestima y la creatividad.
Tristeza: Puede servir para la reflexión profunda y valora en general la pérdida. Motiva la búsqueda de consuelo y apoyo de los demás. Períodos prolongados de esta emoción conducen a la depresión.
Rabia: Sirve para la autodefensa. Si la utilizamos correctamente sirve para frenar la agresión de los demás. El uso descontrolado de la ira suele ser muy nocivo para la salud y las relaciones interpersonales.
Miedo: Es lo que nos prepara para la huida ante un peligro inminente. Podría decirse que es una emoción básica de protección para el escape. El miedo prolongado puede llevar a diversos trastornos, como por ejemplo la ansiedad generalizada.
Hay autores que también consideran al Asco y a la Sorpresa como emociones primarias. El asco tiene que ver con el rechazo hacia algo desagradable, y la sorpresa con la inmediata exploración del ambiente ante algo inesperado.
Fundamentos de la Inteligencia Emocional:
Si bien hemos mencionado los estudios llevados a cabo por Salovey-Mayer y Goleman en los últimos años, también desde la neurociencia se ha comprobado la importancia de las emociones en la toma de decisiones. Estudios llevados a cabo por “Ledoux (1994), A. Damasio (1994) y Jaak Panksepp (1998) constataron el más que indudable protagonismo de las emociones” (Muñoz J., 2014, P.59) en la solución de problemas, la cooperación y el aprendizaje. A continuación se presenta un cuadro sinóptico sobre estudios experimentales relevantes de la IE:
Competencias
Personales de la Inteligencia Emocional
Podemos dimensionar la Inteligencia Emocional con dos competencias asociadas bien definidas: La Competencia Personal y la Competencia Social.
Rafael Bisquerra define a las
competencias emocionales como “el conjunto de conocimientos, capacidades,
habilidades y actitudes necesarios para tomar conciencia, comprender, expresar
y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales” (Bisquerra R., 2009,
p.16)
La competencia personal de la Inteligencia Emocional abarca tres elementos que han definido varios autores: el autoconocimiento, la autorregulación y la automotivación. Estas tres variables parten de la premisa del saber emocional, y conforman una competencia emocional que nos servirá a lo largo de nuestra vida, ya que aportará beneficios en cualquier ámbito en el que nos desempeñemos.
Autoconocimiento: Es la capacidad para reconocer y
tomar conciencia de nuestras emociones, así como de nuestras habilidades y
aptitudes. Es saber dónde estamos parados y permitirnos valorarnos como
personas y desarrollar la confianza en
nosotros mismos.
Autorregulación: Es la capacidad para manejar las emociones adecuadamente. Podríamos pensarlo como un eje entre la emoción, el pensamiento cognitivo y el comportamiento. Nos permite ejercer autocontrol, manejarnos con responsabilidad, adaptarnos a las circunstancias, ser flexibles en nuestras respuestas y estar abiertos a los nuevos conocimientos e ideas.
Automotivación: Es la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, conociendo y utilizando las emociones, para que éstas nos ayuden a concretar nuestros proyectos personales, profesionales o sociales. El compromiso, la actitud positiva, la innovación son herramientas que impulsan la motivación y que tienen por finalidad aprovechar nuestras oportunidades y hacer frente a los obstáculos que surjan.
Aprender y tomar conciencia de
nuestras competencias emocionales ayuda a identificar nuestras fortalezas y
áreas de oportunidad en cada dimensión o campo de las competencias personales.
Competencias
Sociales de la Inteligencia Emocional
Como habíamos indicado anteriormente, la Inteligencia Emocional posee Competencias Personales y Sociales. Podríamos definir a la competencia social como la capacidad de mantener buenas relaciones con las demás personas. Esto conlleva generar una serie de habilidades sociales y desarrollar una conciencia social, lo que significa una capacidad para la empatía.
Dimensiones de la Competencia Social:
Habilidades Sociales: Las habilidades sociales tienen que ver con cómo gestionamos nuestras relaciones interpersonales, nuestra capacidad para manejar esas relaciones y obtener respuestas positivas de los demás. Estas habilidades “nos permiten relacionarnos con los demás, movilizarles, inspirarles, persuadirles, influirles y tranquilizarles”. (Goleman D., 2009, p.130)
Empatía: La empatía es la conciencia que tenemos sobre los sentimientos, emociones y necesidades de los demás. La empatía “no es una emoción, sino una actitud cognitiva que ayuda a percibir y sentir aspectos emocionales, cognitivos e intencionales, de los demás” (Muñoz J. 20014, p.216). Es una capacidad innata, pero que puede ser mejorada y desarrollada.
Análisis del estrés:
Definición de Estrés:
Desde el punto de vista clínico podríamos definir al estrés como “las consecuencias físicas y mentales, derivadas de que el sujeto valore que las demandas del entorno superan su capacidad de respuesta adaptativa, y se sienta desbordado por las mismas” (AA.VV., 2010, p.11).
Estresores:
Los estresores son los factores que desencadenan el estrés, los cuales pueden ser:
a)
Del
Entorno Físico: La interacción con nuestro medio ambiente puede significar una
fuente de estrés. El calor, el frío o el ruido son ejemplos de esto.
b)
Biogénicos:
Los cambios y procesos dentro del propio cuerpo pueden desencadenar estrés. Por
ejemplo un cambio hormonal, la ingesta de una medicación o una sustancia
química; así mismo, una mala digestión o el propio dolor suelen ser
disparadores de estrés.
c) Psicosociales: Todas aquellas circunstancias que pueden generarnos estrés y que dependen de nuestra subjetividad para valorarlas así como de nuestra capacidad cognitiva y emocional para sobrellevarlas.
Factores predisponentes:
Si bien hoy en día se siguen cuestionando estos estudios, muchos autores coinciden en que existe una “vulnerabilidad al estrés que se caracteriza por la presencia de una serie de rasgos cognitivos y de personalidad” (AA.VV., 2010, p.51).
Afrontamiento del estrés desde la Inteligencia Emocional:
El afrontamiento es el esfuerzo dirigido por una persona para “tolerar y minimizar todas las demandas internas y externas” (AA.VV., 2010, p.45) que pueden generarnos estrés, así como reducir el impacto del mismo en nuestras vidas.
La Inteligencia Emocional incluye aspectos
como la resolución de problemas, la toma de decisiones y la empatía, que son
prioritarios a la hora de afrontar una situación de estrés. La IE nos provee de
más y mejores recursos para hacer frente a las demandas de nuestra vida
cotidiana.
La capacidad de autoconocimiento de nuestras emociones y la autorregulación de las mismas resultan vitales para minimizar el impacto del estrés.
La adecuada gestión de nuestras emociones “es un factor determinante para la salud, siendo un buen predictor de la salud mental y física, facilitando el afrontamiento al estrés” (Martínez, 2010 p. 12).
Conclusión
Comencé este proyecto haciendo una reflexión sobre la obra ‘Demian’ de Hermann Hesse. En ella, Emil Sinclair encuentra en el enigmático Max Demian su camino hacia el autoconocimiento. Un camino sempiterno que, tarde o temprano, podemos iniciar todos.
La Inteligencia Emocional requiere de un recorrido introspectivo que nos lleva al autoconocimiento y luego a la autorregulación de las emociones.
Si bien como sociedad nos encontramos
en los albores del conocimiento de la Inteligencia Emocional, hay suficiente
información para estudiar, comprender y aplicar. Nuestro objetivo debe ser
hacer del desarrollo de la IE un hábito. No es sencillo, pero tampoco es
imposible.
Referencias
Trujillo M. y Tovar L. (2005) Orígenes, evolución y modelos de inteligencia emocional. Colombia: Revista Innovar
Couto S. (2012). Desarrollo de la relación entre inteligencia
emocional y los problemas de convivencia. España: Editorial Visión Libros
Muñoz, J. (2014) Sabiduría emocional y
social: protocolo de intervención social mediante la inteligencia emocional
(PISIEM). España: J. M. Bosch Editor.
Antoni, M., y Zetner, J.
(2014). Las cuatro emociones básicas. Barcelona: Herder
Editorial.
Goleman, Daniel. (2009).
La inteligencia emocional en la empresa. Argentina: Cid Editores.
Xerra L. (2016) El Cerebro
Emocional Psicologiaycomunicacion.com
Goleman D. y Cherniss
(2005) Inteligencia Emocional en el
trabajo. España: Editorial Kairos
Bisquerra R. (2009) Las Competencias Emocionales. España:
Educación Siglo XXI
Fragoso, R. (2015). Inteligencia emocional y
competencias emocionales en educación superior ¿un mismo concepto? Revista
Iberoamericana de Educación Superior, VI(16).
Castanyer, O. (2014). Aplicaciones de la asertividad.
Editorial. Desclée de Brouwer.
AA.VV. (2010). Manual de control de estrés. Editorial
CEP, S.L.
Martín, O. R. (2015). El impacto de las emociones: un recorrido
por nuestra interioridad para conocernos, experimentarnos y desarrollarnos.
Argentina: SB Editorial.
Martinez, A.
(2010) Relaciones entre Inteligencia Emocional y Estrategias de Afrontamiento
ante el Estrés. Universidad Miguel Hernández. España.
RAE (2019) Diccionario de la Real Academia Española.









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